Un hombre y una mujer caminan tomados de la mano. La noche espera, expectante, el acaecer de los hechos. Él piensa cual será el mejor lugar para sentarse, estar solos y, en común acuerdo, dejarse ser por un romance postergado.
Ella tararea una canción romántica, suspira al ver de reojo la luna. Cerca de ellos un hombre con mascara del Santo respira agitadamente, suda a pesar del viento fresco. Siente la bolsa interior izquierda de su chaqueta, como si temiera que en un descuido el arma desaparezca. El hombre y la mujer enamorados se sientan en una banca oculta bajo el follaje de un árbol. Hombre mascara del Santo espera el momento preciso. Mientras la pareja se besa una arma se desliza entre la noche, no hay blanco preciso, oscila entre dos cabezas unidas por las boca, ansiosas de consumar lo perentorio. El hombre enamorado reacciona a tiempo. Golpe en le abdomen de mascara del Santo. Grito de auxilio ahogado por la palma de un mano. Amenazas, intercambio de improperios entre dos hombre en el furor de su batalla. Un dedo indeciso, resbala en el gatillo. Grito de terror. Incertidumbre en los ojos detrás de los orificios de una mascara, a través de los cuales se observa a un hombre en sus últimos minutos de agonía. La mujer pretende aprovechar la distracción para escapar. Mascara del Santo reacciona a tiempo, no debe haber testigos. Otro disparo se ahoga entre el rumor de árboles en bamboleo. El enmascarado de plata corre. En el cielo titilan las estrellas. Es un anoche hermosa, realmente hermosa.
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